CANTO FUNEBRE A TLAOCOLCUICATL

Poema Canto fúnebre a Tlaocolcuicatl. Folios del 12 al 15 del manuscrito de cantares mexicanos.

¿Dónde él ô Dios, gracias a quien se existe
Dónde vives?
Tus amigos te esperan con cantos se lamentan,
con flores, buscan tu pecho,
se entristecen, le piden a tu corazón
la grandeza, el renombre.

Sólo yo digo, yo recuerdo ye si así es la aflicción,
con qué descansará mi corazón,
con que desaparecerá mi tristeza
yo el huexotzincatl.
Acaso todavía tengo yo un padre,
acaso todavía tengo una madre, ¿me esperarán?
¿reconfortarán mi corazón?
No puedo poner fin a la aflicción
Andan, se divierten,
se regocijan, aquí nuestros amigos.
Tienen sarapes, collares auh
yo sufro, no tendré placer,
no me iré satisfecho de aquí entre
la gente ohuaya
Se enrolla el mando,
se enrolla la aflicción, la nobleza aya.
Desde allí, desde allá vendrá,
lo quiero, lo deseo en la tierra.
No tendré placer,
no me iré satisfecho de aquí entre
la gente ohuaya.
Tú, él que estás cerca, junto,
te regocijamos aquí.
Nada se mantiene a tu lado
sólo como flores nos tratas,
sólo nos marchitaremos nosotros
tus amigos.
Y también como plumas de quetzal lo rompes,
como pinturas lo destruyes.
Todo se va allá.
Sólo, también ye, el lugar de los
muertos, es el lugar donde todos
perecemos.
¿Cómo nos tratas ô dios único?
Así nacemos, así perecemos.
Sólo vamos pereciendo nosotros
macehuales.
¿Dónde iremos en verdad?
Sólo entonces lloro yan
cuando te desanimes, oh tú gracias
a quien se existe. Se rompe el jade.
Se desgarra la pluma a.
Tú Moquequeloa, nos desprecias,
nos desdeñas, nos destruyes aquí.
Somos tus hechuras, hacemos ofrendas;
tu templo, tu comida, gracias a
quien se existe.
nadie dice que frente a ti se te
ruega pobremente.
Tu corazón refresca como el jade,
tu corazón florece como pluma de quetzal,
tú gracias a quien se existe.
Nadie dice que frente a ti se te
ruega pobremente.
Poco tiempo en el buen lugar, vivimos,
regocíjense. Sólo un poco hay amistad.
Sólo por un tiempo se admira a los hombres.
Nadie es realmente tu amigo.
Sólo un poco son prestadas las
buenas flores, las flores amarillas.
Toda la nobleza florece sobre tu
estera, sobre tu estera.
En el llano se enreda, la nobleza, el
mando, se enreda tu flor de guerra,
la flor amarilla.
Ya nada verdadero decimos aquí
tú gracias a quien se existe.
Es como un sueño, soñamos
Lo que decimos en la tierra.
Nadie habla con la verdad aquí.
Te dan jade y joyas, tú gracias a quien se existe.
con collares de flores te invocan, te llaman
ya sea la nobleza, los guerreros
águila, los guerreros jaguares.
Nadie habla con la verdad aquí.
Tú gracias a quien se existe, Moquequeloa
lo que decimos es sueño, amigo,
nuestro corazón es crédulo,
en verdad dios se burla.
Regocijémonos, pobres que somos,
en tiempo de primavera,
en el lugar de las pinturas.
Nos hace vivir, él gracias a quien se existe
sabe, dice cuando morimos nosotros los
macehuales. Nadie, nadie, nadie existimos
realmente aquí.

POEMA CANTO FUNEBRE A TLAOCOLCUICATL FOLIOS DEL 12 AL 15 DEL MANUSCRITO DE CANTARES MEXICANOS


niña_indigenas tejedora

“Fernando lo trataba bien, había aprendido mucho de él, lo aconsejaba, él mismo le confesó que su gente fue exiliada pero… tampoco podía omitir el hecho que lo compró en un tianguis de esclavos y que le pertenecía. Por si fuera poco, el tiempo apremiaba, tenía que tomar una decisión cuanto antes. Se sentó junto a unas niñas tejedoras, una de ellas con una voz casi angelical comenzó a cantar y Cuachalolotl sintió como se le resbalaban las lágrimas al escucharla… era un canto nahua, así como la niña que lo cantaba. Puso su cara entre sus manos llorando con amargura y ella siguió cantándole como sabiendo que era lo que necesitaba…

Can yehuan Dios yn ipalnemohua can tonnemi yehuayan
ye mitzonchixtoque in mocnoicnihuan ye cuicatica onnentlamatoque ye xochitica yan çan quitemohua mellel tlaycoltia mitzonyaitlanilia moyollio in tleyotl mahuizyotl aya ohua.

Çan niquittoa onon niquilnamiqui ye
antla ye iuhqui a icnopillotl
tle yca cehuiz in noyollo
tle yca polihuiz in notlayocol
nihuexotzincatl

mach oc onca ye nota, mach oc
onca ye nonan
oc nechonnechixtiez
oc nechonyollocehuiz
auh yn amo niccetlamitinemiz a
ycnopillotl ohuaya…”

 

Fragmento del Capítulo 30 “Caracol Pequeño”  Pag. 356 en Los Conquistadores no iban solos: Revancha y otros Delirios.

 


 

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