Las Sirenas

“Su atractivo canto era capaz de enloquecer y subyugar hasta al más frío de los mortales…”

sirena siglo VX

De acuerdo con el mito más difundido, habitaban una isla del Mediterráneo que tradicionalmente se situaba frente a la costa italiana meridional, más concretamente frente a la costa de Sorrento. La realidad apunta hacia que su mito nació como respuesta al peligro que entrañaban las travesías marinas cercanas a dicha costa, la de Sorrento, que producían numerosos naufragios y muchas muertes.

(Sirenas: Hijas del Mar y Perdición de los Hombres)

“Más de la mitad de los marineros que acompañaron a Don Alonso continuaron su vida en el mar, uno de ellos fue Andrés por supuesto, nada más se quedó para que le dieran su porción de tierra y luego mando por mí y por Fernando quien apenas tenía 6 años de edad cuando llegamos a las islas, a Rebeca la cargaba todavía en brazos…

…Una vez contó, que después de una gran tormenta, salieron todos a cubierta con miedo porque habían oído voces de mujeres, voces que parecían lejanas, como un canto, por eso pensaron que estaban cerca de tierra, de alguna isla, pero no, alrededor había solo mar y niebla, no se veía nada y, entonces, dijo sentir escalofríos por todo el cuerpo porque esas voces que al principio parecían hermosas, comenzaron a ponerlos nerviosos, todos sintieron lo mismo. Uno de los mozos comenzó a rezar, los demás lo siguieron y después de un rato se quedaron callados, nadie oyó nada… comenzaron a reírse como tontos y daban gracias a Dios porque lo que haya sido se hubiera alejado. Me acuerdo que le preguntaron que si eran sirenas y todos lo voltearon a ver esperando su respuesta con la bocona abierta.

— Pues, eso no lo sé, puedo asegurar que lo que escuchamos no era humano — Sí, ya sé que dicen que las sirenas son monstruos marinos que toman la forma de mujeres y con su canto atrapan a los hombres dejándolos sin alma, pero lo bueno es que mi Andrés regresó a salvo. Yo le pregunté que si creía en sirenas y él me contestó que nomás creía en lo que veían sus ojos. Yo creo que tanto vino y tanto contoneo los hace imaginarse lo que no es…”

Fragmento Pag. 13 “Los Conquistadores no iban solos”

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