La antigua Ceilán

Sri Lanka huele a canela, a clavo, a cardamomo y a té. La antigua Ceilán era parada estratégica en la ruta de las especias entre los siglos XVI y XVIII. (Ocholeguas.com)

El cautivante Sri Lanka a dado pie a que viajeros mercaderes recorrieran sus tierras en busca de marfil, canela y piedras preciosas. Esta isla llamada originalmente “Ceilán” cambió su nombre en 1972 por Sri Lanka un poco después de independizarse de los ingleses.

Pero Inglaterra no siempre gobernó Sri Lanka… en el siglo XVII lo hicieron los holandeses y antes, en el siglo XVI fueron los portugueses quienes se adueñaron de la isla. Ceilán producía pimienta, algodón, marfil, almizcle, ébano, crital, salitre, plomo, hierro, acero, cobre, piedras preciosas, la mejor canela, elefantes, etc. Algunos incluso la nombraban “Tierra santa, tierra feliz, tierra de delicias”. Marco Polo incluso describió esta preciosa isla tropical enmarcada de arena blanca como “…la isla más bonita del mundo”.

Passekudah de CHARITH GUNARATHNA
Passekudah de CHARITH GUNARATHNA (National Geografic)

A más de 2,000 metros se encuentra “El Pico de Adán”, la cumbre donde tres religiones le atribuyen una huella santa con diferente significado: Los budistas creen que la dejó Buda para marcar el lugar sagrado, los musulmanes dicen que fue de Adán, los hindúes que fue Siva y los misioneros portugueses aseguraban que la marcó Santo Tomás. Entre estas montañas hay un efecto que hace el sol produciendo una sombra de un triángulo.

Shadow of the Peak
Pico de Adan en Sri Lanka

En el siglo XVI que es el de nuestro interés… encontramos gobernando a los portugueses tanto Ceilán que era una de las islas mas ricas y grandes y a las Islas Malvinas que por cierto tambien perdieron a manos de los holandeses. En estas islas aun quedan vestigios de sus fuertes. Tanto los españoles como los portugueses pretendían lograr un acuerdo mercantil, pero Portugal no quiso sotar la mina de oro que Ceilán le producía. Dicen que el clavo y la nuez mozcada, frutos exquisitos capaces de hacer felices a cualquiera, fueron la causa de sus desgracias por la avaricia de estos aromas.

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La ciudad de Tarnate producía clavo, pero sus habitantes observando que esta riqueza era la causante de las persecuciones y barbaridades que sufrian a manos de los portugueses, quemaron todos los arboles u huyeron del lugar. Con el tiempo las cenizas volvieron la tierra ¡Aun más fertil! y produjeron más que antes. Fue en este tiempo que los portugueses acabaron las especias en Metil, Machian y Lavora quedando casi desiertas, pero su gobierno fue decresiendo al intentar imprudentemente entrar a China y a Japón, haciendo que se declarara una guerra que les llevó muchas batallas perdidas. Al final llegaron a acuerdo pero los portugueses no lograron lo que pretendían.

Aun existe Ceilán, en la evocación de sus milenarios templos, especias y playas de coral rodeada de montañas coloreadas de verde brillante.

FUENTE: National Geografic, Ocholeguas.com, Historia universal antigua y moderna tomo XXXI

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“…Resultó ser un viaje maravilloso de casi diez meses observando en primera persona las imágenes reales que soñé despierta al leer “las mil y una noches”, estar ahí acrecentó mi fascinación por ver los elefantes, esos paquidermos que les atribuían poderes espirituales. Pasamos antes por Venecia, Estambul y Bagdad. Ahí nos tomó por sorpresa una gran tormenta de arena que mató a dos camellos y parte de la expedición la perdimos de vista, pero mi padre que nunca reparaba en gastos, había contratado al mejor guía de la región y nos llevó a un lugar a salvo. No pudimos llegar a las ciudades por mucho tiempo porque era peligroso, no hablábamos el idioma y el guía prefería dejarnos en nuestro destino lo más rápido posible. En Kabul probé los kebab de una carne tan dificil de masticar, que según el guía dijo que era cordero pero que seguramente fue la que me hizo mucho daño, Delhi apenas la vi de lejos pues urgía llegar a Calcula antes del atardecer, en ese lugar mi padre recogió las nuevas despensas y su socio lo estaba esperando, le pagaron al guía y nos despidió con diez bendiciones según se acostumbraba.

Al llegar a destino, mi padre terminó tan cansado que tardó casi una semana en recuperarse, él y su socio se ocuparon de sus negocios en lo que yo me entretenía paseando por Ceilán. Teníamos el campamento en Bentota y disfrutaba pasearme como una princesa india por el lugar, admirando los hermosos paisajes, probando la deliciosa comida picante y comprando todo tipo de chucherías en el mercado y, aunque los portugueses controlaban el lugar, en las aldeas la gente vivía plácidamente ¡Sí vi a los elefantes! y hasta pasee en uno de ellos con un grupo de niños gritando por detrás. La hermosa playa ayudó mucho a mi padre, sus aguas lo revitalizaron y tomar el sol le hizo bien. Habría querido recorrer sus montañas o salir a la gran ciudad donde escuché que había templos dedicados a Buda y a Gal Vihara pero mi padre creyó mas conveniente no movernos de nuestro campamento por nuestra seguridad, ya que según dijo, no en todo los territorios los portugueses eran tan buenos anfitriones…”

Fragmento del Capítulo Leonor Hernández de Toledo Pag. 21 en Los conquistadores no iban solos.

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